Aniquilación y Lost in the Drama

Iba a hacer un artículo realmente largo y pormenorizado sobre Aniquilación, que se quedará en mi cafetera-tostadora con !#++ hasta el fin de su disco duro y el advenimiento de la nueva era SSD. Será para bien.

1. Aniquilación

Después de leer los tres libros estoy severamente convencido de que la primera novela es demasiado tramposa, la segunda demasiado de paso y la tercera arrepentida pero poquito, ya que mientras dice aclarar algunas cosas emborrona todo lo demás, usando las tres la falta de datos interesantes como motor de explosión para que todo siga, aunque renqueando, en marcha hacia delante. Para tener que sacar mis propias conclusiones desde casi el vacío, en una especie de sandbox literario, mejor me monto yo mi propia novela. No sé si es mucho más divertido pero, al final, sacia más. En el primer libro suceden cosas que tiran de ti por el instinto natural de enlazar los puntos. Durante la lectura la sensación no es mala, pero cuando se termina te sientes engañado, y tienes razón y lo sabes pero, bueno, quedan dos más. En el segundo se dan muchísimas explicaciones sobre cosas que no importan en absoluto, y la novela existe, básicamente, porque si no no habría una tercera. No sabe qué hacer consigo misma y pone una lupa enorme sobre un manojo de personajes y situaciones que bueno, pues vale, pues me alegro. En el tercero se habla mucho de muchas cosas y no se dice nada sobre ninguna que importe. No sabrás qué conecta lo que ha sucedido, pero tendras un exceso de información sobre las motivaciones de las motivaciones de las motivaciones de las motivaciones.

No es que se tengan que desmenuzar los acontecimientos de la historia hasta que pasen por el ojo de una aguja, pero al terminar la lectura uno debería tener aunque sea una leve sospecha de que el autor, al menos él, sabe qué es lo que ha sucedido y por qué. Cientos de flecos que no se quedan abiertos por descuido, sino porque es la propia esencia de la forma que se ha elegido para narrar. Es posible que el autor quisiera hablar del desconocimiento desde el desconocimiento mismo, mostrar la imposibilidad de amarrar el hilo del sentido en el día a día. Si es así, lo ha hecho perfecto.

La película ha gustado a quien le ha gustado porque acostumbrados al calco de los guiones al uso todo lo que no lo sea nos parece un océano de profundidad y significados. Pero el guión no es tanto y el último tercio de la película no es más que el artificio del mago de oz reloaded. En Jot Down pretenden sacar una perla de un erial, y el resultado es un poquillo de vergüenza ajena mezclado con cierta incredulidad. No sé qué puedo añadir a ese respecto. Todavía no me he parado de reír del último párrafo, y eso que hace semanas que terminé de leerlo. El largo e inacabable estómago que la humanidad reserva a cosas como Lost. Dale un puzzle a un humano y morirá antes de darse cuenta de que las piezas no encajan. Ni siquiera son del mismo puzzle. Muchas de ellas no son ni siquiera piezas: hay un par de colillas, algunas chapas y piedras. Muchas piedras.

2. Lost in Space

Bff. Dura pornografía emocional, cero nutrientes. No he visto ni leído nada, juraría, en toda mi vida, con tal calibre de DRAMA sin venir a cuento. Ya lo he dicho, pornografía. Se nota la pasta en los decorados. En todo demás no. Sesudo comentario, lo sé. Pero es que no da para más.

criaturas del pantano, 1

No ha sido demasiado complicado, mantenía el mismo número de teléfono. Ha sido llamarle y quedar en esta especie de franquicia gallega en la que registraremos la carta como si fuera la declaración de la renta para encontrar los platos más baratos y que más puedan llenar la barriga, mientras saltamos la banca de cerveza en la medida de nuestras posibilidades económicas. Siempre fue más o menos lo mismo, así que no importa demasiado que haga cuatro o cinco años que no nos hemos visto el pelo. Uno siempre reconoce a los viejos camaradas, y disfruta de reunirse con ellos mientras sigan jurando fidelidad al mismo ideal. Somos la misma carne, la misma mierda, básicamente los mismos. Con unas cervezas delante las canas dignifican y las carnes de más no están tan mal, son un derecho adquirido. Una prueba de solvencia. Cuando le conocí era bastante vergonzoso, pero tenía un par de cosas que le hacían bastante atractivo en ese momento: tenía algo de pasta que dilapidar y un montón de ganas de hacerlo. Con el tiempo fue espabilando y perdiendo esas ganas tontas de impresionar, lo que hizo que me sintiera mucho mejor conmigo mismo cuando le sableaba día tras día para encontrar esa cerveza especial que nunca termina de llegar cuando tienes sed. Siempre tienes que seguir buscando en la siguiente para ver si. Y después en la siguiente. Habíamos tocado juntos en un par de esos grupos que se tienen con una perspectiva dual: al mismo tiempo que eres consciente de que no vas a llegar a ninguna parte con esa gente, consuelas tus noches pensando que estás en el camino de salir de toda esta estupidez. Quizá estoy siendo algo cruel, pero en el fondo, pienso ahora, es cierto. Te juntas con otros cuatro tíos en un local que es de alguien que conoces y te lo deja gratis, berreas un rato aporreando la guitarra sintiéndote en la cima del mundo (a partir de aquí todo sera cuesta abajo, eres capaz de sentirlo), das un par de conciertos en los que te dan barra libre, te abrazas y con suerte conoces a alguna tipa que piense que tú, que no eres capaz de salvarte ni a ti mismo, la vas a salvar de todo lo que la rodea, y al día siguiente vuelves al ensayo con las mismas perspectivas y ni un palmo de terreno ganado. Y para cuando los cinco sois conscientes se disuelve el grupo y se empieza en otro proyecto con la capacidad de mantenerte calentito una temporada. Una perspectiva triste, pues quizá. Pero también una vía de escape inocua para esa cosa genérica y terraformadora que llamamos la sociedad, si me da por ser grandilocuente sin saber realmente serlo.

El caso es que no ha sido demasiado complicado, y eso está bien. Nunca sabes en qué estado mental van a estar tus compañeros de combate una vez que la guerra ha terminado y la paz reina. Deglutimos unas cuantas cervezas y vamos entrando en calor, empezando a notar el hilo tenue de la posibilidad colgando tímidamente del techo. Hacemos algunas migas con el camarero que tiene asignada nuestra mesa, que es gallego y ha venido sólo para trabajar aquí cincuenta o sesenta horas a la semana y morirse del asco el resto del tiempo. El tipo realmente agradece poder hablar con alguien, y nosotros, intuyendo algún tipo de descuento, le dejamos hacer. Una vez agustito Gordo me pregunta que a qué ha venido todo esto, después de tanto tiempo, y yo se lo suelto como viene.

—Quiero montar un garito.
—¿Dices?
—Quiero montar un garito. Nada serio, algo tranquilo. Conciertos, cervezas, ese tipo de cosas. Ya es hora.
—Estás de coña.
—No, tío. No lo estoy.
—¿Vas a montarte un puto negocio ahora?
—Cuándo si no, hombre. No quiero esperar mucho más.
—Estás zumbado.
—No, tío. Estoy sonado. Pero es lo que tengo que hacer. Tengo que hacer algo o volverme loco del todo.
—Demasiadas cervezas.
—No. Esto es cosa de Hyde.
—Peor me lo pones.
—Espero que no.
—¿Lo dices en serio?

Claro que en serio. A ver qué si no. El gallego terminó el turno y se acercó con unas jarras enormes de cerveza de medio litro, y nos pusimos a ello. Después de un par de rondas más fuimos por ahí, rompimos un par de cosas. Me caí sobre uno de los vasos que habíamos sacado del restaurante y me jodí una costilla para el resto de mi vida. No conocimos a nadie pero tampoco hizo demasiada falta, simplemente nos emborrachamos hasta perder consciencia de lo que nos rodeaba. Ni bien ni mal, ni perfecto ni terrible. Un día normal. Acompañamos al gallego a coger el autobús cuando llegó su hora y nos sentamos en un parque con un par de litros en vasos de plástico. Nos pusimos a ver cómo la noche golpeaba por todas partes. Gordo dijo que no teníamos ya edad para eso. Yo respondí que no la habíamos tenido nunca y jamás nos había importado demasiado.

Y se apuntó, por supuesto que lo hizo. No tenía tampoco más remedio que hacerlo. Me preguntó un par de cosas sensatas, pero le dije que era demasiado pronto, que aún tenía que ultimar los detalles. Eso está bien, me respondió. Lo dejé tumbado en el césped y me fui para casa, donde me esperaba el último litro y una cama. Abrí la ventana del salón, abrí la cerveza y me encendí un cigarro. Mirando a la pared me sentí bien por primera vez en mucho tiempo. No era algo que fuera a durar, pero había conseguido, al menos, conciliar los dos mundos un rato. Quizá mis dos protagonistas psicóticos iban a estar de acuerdo en tomar el mismo camino por una vez. Quizá incluso se ayudaran un poco el uno al otro. Quizá incluso se cayeran finalmente bien, quién sabe. Aplasté el cigarro contra el cenicero, cerré la ventana y suspiré un poco, lo justo para igualar presiones. Eché una larga meada bastante placentera y me metí entre las sábanas sintiendo que ya era hora de acelerar el tiempo hasta mañana.

git

¿Es git algo útil para un tipo que quiere escribir algo? Eso me pregunto.

Es un sistema de control de versiones. Crea instantáneas de tu trabajo que almacena en una base de datos que puedes revisar. En vez de tener doscientos archivos con doscientas versiones de lo que estás haciendo tienes uno con un registro de los cambios. Puedes crear ramas, hacer, por ejemplo, dos o tres capítulos dos y desarrollarlos sin perder ninguno.

Es una barbaridad, la verdad. Puede ser sorprendentemente útil si llega el caso. Borraste un diálogo hace seis meses y te gustaría volver a leerlo, y lo encuentras. No es demasiado complicado a nivel individual, add, push, pull, clone… cuatro cosas. Otras raras, tokens, claves ssh, pero nada serio. Estoy usando gitlab, en una carpeta de Dropbox que también respaldo con Mega.

Se lleva muy bien con markdown (que es texto plano, claro), así que seguiré con ello. De momento todavía no me ha hecho falta, pero será grandioso cuando lo haga.

He empezado varios proyectos, un libro con herramientas de software libre para escritores, del borrador al epub; un libro de poemas y dibujos que va lento, lento, lento; una novela alcohólica como en los viejos tiempos, criaturas del pantano; la segunda parte de la novela que terminé en febrero, que no ha leído casi nadie porque participa en un premio y un repositorio con mis libros viejos, tanto en prosa como en verso.

Y me falta el tiempo, y eso no que no hago nada, no quedo con nadie. Sólo curro, camino, aprendo cosas que no sé si necesitaré pero me gustan, escribo, duermo. No me da el día para avanzar lo que me gustaría, y me fastidia. Tengo que repasar las grietas, me debo estar perdiendo en alguna de ellas.