git

¿Es git algo útil para un tipo que quiere escribir algo? Eso me pregunto.

Es un sistema de control de versiones. Crea instantáneas de tu trabajo que almacena en una base de datos que puedes revisar. En vez de tener doscientos archivos con doscientas versiones de lo que estás haciendo tienes uno con un registro de los cambios. Puedes crear ramas, hacer, por ejemplo, dos o tres capítulos dos y desarrollarlos sin perder ninguno.

Es una barbaridad, la verdad. Puede ser sorprendentemente útil si llega el caso. Borraste un diálogo hace seis meses y te gustaría volver a leerlo, y lo encuentras. No es demasiado complicado a nivel individual, add, push, pull, clone… cuatro cosas. Otras raras, tokens, claves ssh, pero nada serio. Estoy usando gitlab, en una carpeta de Dropbox que también respaldo con Mega.

Se lleva muy bien con markdown (que es texto plano, claro), así que seguiré con ello. De momento todavía no me ha hecho falta, pero será grandioso cuando lo haga.

He empezado varios proyectos, un libro con herramientas de software libre para escritores, del borrador al epub; un libro de poemas y dibujos que va lento, lento, lento; una novela alcohólica como en los viejos tiempos, criaturas del pantano; la segunda parte de la novela que terminé en febrero, que no ha leído casi nadie porque participa en un premio y un repositorio con mis libros viejos, tanto en prosa como en verso.

Y me falta el tiempo, y eso no que no hago nada, no quedo con nadie. Sólo curro, camino, aprendo cosas que no sé si necesitaré pero me gustan, escribo, duermo. No me da el día para avanzar lo que me gustaría, y me fastidia. Tengo que repasar las grietas, me debo estar perdiendo en alguna de ellas.

cabeza de espectador

Más o menos llevo toda la vida escribiendo. Poemas, canciones, exámenes, cartas (cientos de ellas). Por eso parece que es sencillo hacerlo. Mi padre se empeñó en enseñarnos a escribir a máquina, y el teclado es la extensión natural de mis dedos.

Pero dar forma a una historia es otra cosa. Me cuesta un horror.

Agradezco, por supuesto, todo lo que tengo a mi favor, pero sigue siendo muy complicado. A veces creo que tengo cabeza de espectador. Puedo evaluar, pero no crear.

Aunque es divertido pelear contra ello (o intentarlo).

estar dentro

Ya hace un mes que no publico, y me prometí no dejar pasar tanto tiempo este año. Pero los días vuelan.

Estamos intentando poner en marcha de nuevo Palabra de Bob, aprovechando que he vuelto de forma más o menos oficial al juego. No estoy por allí tanto como debería, pero han pasado cosas interesantes.

Me he hecho una cuenta de tuitah para escribir en inglés, pero tengo mucho jaleo como para dedicarle mucho tiempo de momento. Moscas prostéticas, prosthetic flies. La foto del perfil es de Henry Worsley y la historia en el New Yorker alucinante. Como la vida no tiene sentido alguno es fascinante lo que nos puede hacer sentir vivos.

Terminé con el Manifiesto Redneck, o más bien no. Sigo atragantado con ese final en el que empieza a hablar de sí mismo y a lloriquear sobre si le van a malinterpretar o no. El resto, bien. Ideas curiosas, pero no nuevas. El libro tampoco lo es. Puede ser pasto de malinterpretaciones tendenciosas, incluso del propio autor una y otra vez, pero lo que está escrito es lo que está escrito. La idea central sobre que la clase dominante es la culpable de lo mal que lo pasa la de abajo, correcta. Unirse según la clase y no según el color de la piel, estupendo. La descripción del ansia del que no tiene nada por llenar la vida con algo, sublime. La idea de la culpa, cómo funciona y porque puede salirle rentable a alguien extenderla para diluir su responsabilidad en el asunto, clarificadora. Lo recomiendo. Le sobran notas, aún así, como le decía Salieri en la película, aunque no en el mismo sentido. A este le sobran de verdad.

Y sigo con la novela, me queda una semana para terminarla a tiempo. No sé si lo lograré. A veces releo un capítulo y me hundo en la mierda: es horrible. Otras veces leo otro y me siento desplazado de realidad. Pulo, leo y releo. Corto, doy puntos. Hago un zurcido. Cuando me siento dentro imagino lo que sentía Worlsey en medio de la Antártida, mientras con un agujero en los intestinos intentaba hacer la primera travesía en solitario y sin apoyos. Me refiero a estar donde debo, nada más. Ningún parecido más allá de eso.