venidos a menos

El día
que dejé de verte
pensé que,
al fin y al cabo,
no había sido tanto
ni tanto lo sido
como para hacer
un drama inmediato.


Después de no saber,
tanto riego en tanto y tanto misterio,
el dolor en cada color
y el color en cada rama,
siendo la luz el desastre
y el andar
la forma sutil
en la que te metes en la
cama
refugiándote en las mantas.

De eso puedo acordarme.


No hay tiempo
ni ganas
para ver más allá del tiempo

—¿qué tiempo? —me dices,
agostada en tu espera,
henchida y vencida en la luz de
los días ennegrecidos—, ¿qué tiempo
nos queda?

A veces me gustaría
ser el poseedor
de más respuestas.

mémoires

Qué puto loco, decía

1.

Por el fin
del sendero
no había fin
ni sendero
ni ojos
ni días
y un tipo de azul
decía
adiós, imbéciles, adiós
con vuestras penas.

2.

Fue tan desagradable que lloré mierda.
Así, sin más.
Me iba apestando la nariz entretanto.
Qué puto asco.

3.

La noche se acabó antes
de que pudiéramos darnos cuenta.
Qué loco, decía, qué puto loco
el poeta
, decía.
Siempre intentando escalar una cuerda,
destrabar el nudo gordiano o el
que fuera.

Qué puto loquísimo, tía, iba
diciendo el tipo
mientras su estupidez
le abría todas las puertas
y sonreía al foso.

Estábamos condenados
a entenderle.

4.

La sombra del bastión de oro,
la mierda loca bruta puesta
en medio de ninguna parte.

Eres lo que escuchas, una y
otra vez oyendo
estupideces como esa.

La memoria del agua, la memoria
de la memoria, la memoria de las manos
en la guitarra, la memoria de los ojos.

Eres lo que escuchas.
Madre mía.