mudo la piel a esturión

Después de terminar el nuevo tema, que se parece al anterior en todo lo que debía parecerse y cambia lo que con el tiempo había dejado de gustarme, he pensado que no estaría mal ver cómo se visualizaban las entradas antiguas.

Así que he estado fozando por el museo, saltando de entrada aleatoria en aleatoria hasta que he encontrado una imagen mal enlazada. He arreglado el enlace y me he ido a revisar 2004 por si había más. Dando clicks a páginas anteriores, ese tipo de cosas. Siguiendo el hilo al revés, si se entiende.

Durante muchos años intenté llevar un diario. Me refiero a uno de días y coherente. Durante un tiempo esa función la realizaban los libros de poesía, cuando siempre estaba escribiendo uno. Era un diario raro, pero era uno. No era poesía —aunque no sé lo que puede ser eso—, pero me servía para hacer un recuento del contenido de los días que habían sucedido. Pero eso no duró siempre, me cansé de ello como de casi todo dejando unos cuadernos en papel liso en mi estantería que, cuando me mudo, siempre mudo conmigo.

Y este museo, de algún modo, es el único tipo de diario que soy capaz de escribir. Supongo. Información inconexa. Datos puntuales, una línea de puntos errática en la que no hay datos suficientes para construir nada. Lo único que mi cabeza, que funciona exactamente así, es capaz de escribir.

Hay fotos… demoledoras. Podía haberlas borrado, pero para qué si no las miro. No las miro pero me gusta saber que siguen ahí. Al final sólo nos queda, de la rosa, el nombre. La rosa en sí se muere y olvido. Todos los recuerdos son una forma peculiar de mentira, pero son algo. Todo eso sucedió, quizá no del mismo modo en el que instantáneamente aparece en mi cabeza cuando lo veo/leo, pero existió. Es un cierto tipo de constancia en el devenir, o de inmortalidad si no suena demasiado presuntuoso.

“Diario de los días para los días venideros”, escribí una vez. Quizá no para estos, pero sigo estando más o menos de acuerdo.

Sobre el pasado… yo qué sé ya. Siempre es la misma pugna entre lo perdido y lo vivido. Quiero decir, entre el dolor de lo perdido y la alegría de haberlo vivido. Hay días que gana la una, otros que gana la otra. ¿Qué hubiera pasado si hubiera sobrevivido lo pasado?, ¿cómo se llevaría con el presente?, ¿tendría sentido alguno, sería factible? Ecos de preguntas rotando en vacío. No tiene sentido preguntarse demasiado, porque preguntarse demasiado sigue siendo un suicidio profundo. Uno es lo que fue, de algún modo. Ok. Pero lo que realmente es, sin estupideces, es lo que es. No importa lo que hayas sido.

No ahora.

Quiero decir que volver atrás en unas pequeñas vacaciones está bien, pero más te vale llevarte bien con el presente, amigo. Es lo que eres. Lo que fuiste ya no existe en ninguna parte, excepto en un servidor que ni sabes dónde está y acumula todo aquello que ni forzándote podrías recordar sin esas palabras o esa foto.

Eso es un diario.

Así que sí, estoy contento de que todo esto siga existiendo, de no haber podido llevar un diario literal.

Los últimos años fueron duros, la verdad. Me escondí en muchos sitios: en la cerveza, en la poesía, en novelas que siempre escribía sin terminar porque no quería decir nada en realidad, sólo salir fuera, en EVE Online, en la bici, en cursos de los que no sacaba nada porque no tenía la cabeza como para sacar nada (no quería, no podía, ¿quién sabe ya y, sobre todo, ¿qué importa ya ahora?).

Siempre fuera de aquí, porque hay veces que lo público puede ser un arma para quien más lo necesita para hacerte polvo.

¿Volver ahora al museo, después de tanto tiempo? Quién sabe. Supongo que no.

No puedo saber tanto, y tampoco sé si querría si fuera posible.

Amigos, esto es perdiendo.org: el museo de metralla. Es lo que es.

Y lo que ha sido.

Bienvenidos al mundo donde yo, de algún modo confuso y difuso, vivo. Viví. Yo qué sé ya.

Sí. Definitivamente estoy contento de que todo esto siga existiendo.

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