vorágine formateadora y Solus OS

Artículo coñazo, y el que avisa es un traidor igualmente, pero quiero pensar que menos.

Por diferentes motivos que no vienen al caso (porque no los hay, no es más que simple diversión), decidí formatear la única partición de mi portátil con !#++ e instalar unos cuantos sistemas operativos, para ver qué podía sacar de ellos. No es que sea un experto, más bien todo lo contrario, así que no iba a dejar de ser una aventura. Instalé Windows 10, por el tema de que mi tarjeta Realtek 8821ae me daba bastantes problemas con las distros de GNU-Linux que había probado anteriormente. Lo hice sólo por si acaso, por si en un momento concreto necesitaba algo y me corría más prisa que el tiempo de solucionarlo (es una putada que Windows sea el Mercadona de los sistemas operativos). Me instalé un Lubuntu a modo de navaja de herramientas, Manjaro, mi favorito !#++ y Solus, por que me parecía bonito.

No por ningún otro motivo, por mucho copyright bien gordo que tiene en la página inicial del proyecto. En un principio gestionaba el arranque con Grub2, después de instalar todo con EFI… eso no viene al caso. Y me dio un montón de problemas. Primero porque utiliza su propio gestor de arranque, para mí raro, y no conseguía hacerlo funcionar con GRUB. Como todo andaba en la fase inicial no quería cambiar de gestor de arranque, y si lo hubiera hecho me habría dado cuenta de que todo se solucionaría cuando instalara rEFInd. Es un coñazo entrar en la BIOS para cambiar de SO, y más en mi portátil que pide la punta de un clip para hacerlo… Pero eso es otra vez otra historia. EL TEMA ES QUE TERMINÓ ARRANCANDO sin problemas.

Pero un par de arranques después empezó a quedarse anclado en la página de inicio. Yo introducía mi contraseña, la pantalla se iba a negro y después me volvía a aparecer el mismo menú de autorización. Parecía un error de la base de datos, así que la reconstruí (ctrol+Alt+F1, o F2, o el que te deje):

sudo eopkg rebuild-db

Y todo solucionado, volvía a poder a entrar. Pero cuando intentaba abrir algunas aplicaciones relacionadas con GNOME como cambiar el fondo del escritorio, abrir el menú bluetooth… no pasaba nada. Pensé que quizá habría algún problema con los paquetes instalados, porque pese a enchufarle el cable de red y no confiar en la conexión wifi (amada Realtek) las actualizaciones me daban error. Lo inspeccioné:

sudo eopkg check

Y los que me dieron error (sobre todo uno que se llamaba gnome desktop algo) los reinstalé:

sudo eopkg install --reinstall <pon_aquí_el_nombre_del_paquete_roto>

Y justo después actualicé todo en el terminal:

sudo eopkg up

Y a partir de ahí todo empezó a ir bien. Empecé a instalar mis programas, atom, pandoc, hunspell, sigil, calibre, llevándome la sorpresa de que todos estaban en las aplicaciones disponibles. Incluso Ghostwriter, el que tengo que compilar en !#++.

Pero… mi portátil es malo, muy malo, es un Lenovo de los peorcitos. A mí me sirve porque lo utilizo simplemente para escribir, pero una de las cosas que tiene es que, seguramente debido a algún ingeniero no muy concentrado, o probablemente muy mal pagado, la tecla mayúsculas derecha está partida por la mitad y comparte espacio con la tecla de dirección arriba, así que el 90% de las veces que intento poner una mayúscula con ella termino subiendo a la línea de arriba y destrozándolo todo. Vi que Solus utilizaba xmodmap, lo cual fue un alivio. Ya había hecho esto con !#++ y podía convertir la tecla de arriba en una nueva mayus izq (la derecha, por algún motivo que no entiendo, no me funcionó) con:

xmodmap -e "keycode 111 = Shift_L"

Pero esa es una solución temporal que se pierde cada vez que reinicias. En Openbox lo solucione añadiéndolo al archivo autostart, pero en Solus no me funcionó. Puse el código en ~/.config/autostart pero no me hizo ni caso, modifiqué el ~/.xinitrc pero no hubo manera.

Así que, finalmente, me cree un bash en el escritorio:

#!/bin/bash
xmodmap -e "keycode 111 = Shift_L"

Instalé alacarte (en los repositorios de Solus OS), lo convertí en una aplicación y desde gnome-tweak lo añadí a las aplicaciones que se cargan al inicio. Solucionado.

Instalé dropbox con el repo nautilus-dropbox, me peleé un rato con mega y lo dejé para más adelante.

Y el caso es que ahora mismo estoy escribiendo esto desde Atom en Solus OS. No va a ninguna parte, no me voy a morir más tarde y con más gloria por ello, pero estoy contento.

¿Está bien Solus? No tengo ni idea. Yo soy un usuario medio con una gran curiosidad, pero entiendo que mucha gente se habría rendido antes y formateado la partición y hasta mañana. Como parte positiva, muy positiva, parece que traga con la tarjeta Realtek y tanto el bluetooth como la wifi funcionan de manera correcta. Es la primera vez que puedo utilizar unos cascos bluetooth con este pc (excepto en Windows 10, claro).

¿Es suficiente? Y yo qué sé. Pero mola. Yo instalo un nuevo SO y veo que git y python están instalados (que es lo normal) y ya soy más que feliz, así que no soy un referente de nada.

Y eso que, aunque Git lo uso intensivamente, Python simplemente lo sueño. Lo imagino.

(Pero ese fuego tiene mucho más sentido, lo tiene practicamente todo).

Lo sé, lo sé. Sé que, si aún queda alguien viendo esto, me esfuerzo con fuerza para que deje de hacerlo.

Así queda mi tabla de particiones, hoy por hoy. La segunda swap y la BIOS boot son vergüenzas de las que no voy a hablar ahora mismo.

Y yo qué sé. Todos los programas que utilizo funcionan bien en Solus. El problema de la tecla ya no es problema. Estoy escuchando

en Spotify desde mis cascos bluetooth. Escribiendo desde Atom. Dejando un rastro en GIT. Y eso es suficiente, de momento. No puedo decir más. Ni quiero.

cuando una novela empieza

Cuando empieza, una novela es lo peor que te puede pasar en la vida. Tienes una historia que contar, o quizá no la tienes. Quizá tienes sólo una idea, algo general. Algo así como que la humanidad se limita a hacerse la vida dura. Algo así como que cuando todo va bien hay un montón de personas interesadas en que empeore, por los más variopintos motivos.

Y en realidad no tienes nada. ¿Quiénes son los personajes? Pues unos cuantos. ¿Cómo van a hacer lo que tienen que hacer? Pues no tengo ni idea. ¿Y cómo van a hacer que todo resulte interesante? Pues mucho menos.

Tengo una idea.

La idea es lo importante, pero no es más que el principio. Lo demás es pura pereza. ¿Ya ha sido contado?, ¿merece la pena meterse en esto ahora?

No hay tanto diferente. Lo diferente es la gente. Las historias se empecinan una y otra vez en ser las mismas. Y ahí te preguntas cosas. ¿Quiero que la gente se divierta?, ¿eso es todo? ¿Quiero que se escandalice?

Una novela cuando empieza es sólo un montón de preguntas. Sabes que vas a estar ahí metido durante un montón de meses, y no terminas de concretar el primer párrafo. Pero quieres terminarlo, quieres hacerlo porque sabes que vas a reescribirlo un par de decenas de veces. Si es así no es importante. Pero como todavía no estás ahí para ti es importante esta vez. Esta vez es importante.

Apremia decir justo lo que quieres decir, pero quizá todavía no quieres decir nada. Eso es mentira. Quieres decir algo pero sabes que mañana vas a querer decir otra cosa. Quieres encontrar el camino definitivo, pero el camino se abrirá mañana y no hoy.

Un repositorio git reconstruye tus archivos en un momento determinado. Puedes volver a lo que querías decir ayer, o hace un mes. No hace demasiado que puedo manejarlo, pero me sigo preguntando qué hice el resto de mi vida sin él. Necesito volver a lo que era ayer, sin ambages: simplemente lo que era ayer, sin interpretaciones actuales. Hoy no importa.

Y tú sigues con tu rollo, que no tiene nada que ver con la novela. Caminar bien, la bici bien, he perdido algo más de medio kilo esta semana. Y todo eso no tiene nada que ver. En el curro bien. Y no tiene nada de nada de nada de nada que ver, pero se imbrica en lo que escribes. Todo lo que eres es la novela. Todo lo que quieres ser y has sido es la novela. Todo lo que esperas de ti en el futuro está de algún modo relacionado con lo que vas a hacer con la novela. Una novela no es un poema, eso me costó aprenderlo. Un poema es una eyeccion puntual, es el ahora. Una novela no es una canción, por lo mismo. En la novela vas a estar escribiendo meses, y en ella va a caber mucho más que la historia. Va a entrar tu visión del mundo, por mucho que te empeñes en que sólo entre la de tu personaje. La suya es la tuya, corras a favor de la corriente o en contra.

¿Tendré la visión suficiente para que no se pierda el camino?

¿Qué camino?

Qué camino.

El protagonista va a decir mucho de sí mismo, pero va a decir mucho más aún de ti, así que escribes. El día uno. El día dos. El día tres. Borras, reescribes. Y aún así te sigue faltando algo, que no es sino el para qué. La historia, de nuevo, no importa. Historias sólo hay decenas. Te preguntas para qué, y en eso sí que es bien diferente de un poema o una canción. No es el ahora, es el para qué. El mañana qué.

Cuando me levante y me ponga los calcetines antes de ir al curro después de un fin de semana aprobado por los pelos. Ese momento en concreto seguido de todos los demás. ¿Y después qué? Así que escribes. Todo lo demás está por ahí, pero por debajo y al mismo tiempo sobre todo está el saber que te vas a morir. Que todos se van a morir. Y tú quieres hacer algo con eso, escribirte mientras vas escribiendo algo que no tiene nada que ver contigo. Y te preguntas dónde está la mentira que está encubriendo la verdad que te ocultas a ti mismo.

La novela es una excusa. Los personajes también. La historia más de lo mismo. Quieres contar algo que no quieres contar en absoluto, pero que al mismo tiempo lucha por salir de ti. Si nos vamos a morir para qué. Para qué todo lo demás. Podemos entretenernos un rato, pero eso no es importante más allá del segundo presente (en el que compones una canción, escribes un poema).

Así que, ¿por dónde íbamos? Quién es el personaje principal, cuáles son sus motivaciones, a dónde va. A donde vamos todos. ¿Qué estás haciendo? Nada de nada.

Nada de nada.

Pero, sin embargo, ese nada de nada se convierte en lo más importante del mundo. La vida es un hueso vacío que, sin embargo, no lo es. Pero lo sigue siendo. Cuando escribes no puedes evitar hablar de ti mismo todo el tiempo, pero de un modo tal que no lo parece. Así que, hablando de eso, ¿cómo va ese principio? Un tipo entra, un tipo sale, un tipo tiene cosas que contar. No hay nada definido. ¿Por qué entra, por qué sale?

El tipo está rabiosamente esforzándose por contar algo.

¿Vas a seguirle?

Eso depende, me pregunto. ¿A dónde lleva la madriguera de conejo? ¿Cual es el sentido y la importancia de emperrarse en esto durante el siguiente medio año, del siguiente año? Si el tipo va a algún sitio, que vaya. No sé por qué tiene que contar conmigo, o yo contar con él.

Tal, variopinto. Hay ciertas palabras que deben estar pero que, sin embargo, te revuelven el estómago. ¿Estoy haciendo lo mismo que todo el mundo? Por supuesto que sí, pero no sé por qué tengo que verlo ahora. Todos vamos a dejar de estar en un momento dado.

La edad de la tierra es 4.543 millones de años. A mí me han tocado, de momento, 43. Me quedan unos 20 o 30 más, con suerte.

Pongamos un paréntesis ahí, en esos setenta u ochenta años. Ahora superpongamos esa capa sobre los 4.543 millones de años. Abruma.

Puedes pensar que esos 4.543 millones de años no están contando mientras intentas narrar la historia de un tipo que se ha enamorado y por ello va a dejar de lado su plan inicial de unirse a un grupo concreto en el que va a vivir una historia intensa.

Pero lo hacen.

Así que… ¿de qué va esto? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué me empeño en esto? ¿Por qué es esto más importante que la miríada de cosas que podría estar haciendo ahora? ¿Por qué no puedo dejar de escribir, al mismo tiempo que no lo estoy haciendo? Así que…

¿Tendré la visión suficiente para que no se pierda el camino?

¿Qué camino?

Qué camino.

Una y otra vez sobre lo mismo. ¿Quiero entretener? ¿Quiero decir lo mismo que ya está dicho? Y yo qué sé, me pregunto. Sólo sé que un tipo, que no sabe lo que se le viene encima, se ha enamorado. Y por ello tendrá que pagar un precio que para muchos será pequeño. Pero para él lo será todo. ¿Es eso importante? No lo sé.

No tengo ni la más remota idea.

Pero me está taladrando por encima de mis mañanas caminando, por encima de la devolución de la declaración de la renta. Me taladra mientras estoy cagando tranquilamente en el baño. Estoy sentado deposicionando lo que tiene que caer y no puedo dejar de sentirme como el tipo. Ese tipo todavía no tiene una personalidad definida, que yo sepa. Pero está ahí.

Y cada vez que el pregunta, por mucho que me resista a responder, lo hago. Una novela es lo peor que te puede pasar en la vida. Eso suponiendo que tienes claro lo que es la vida. Y lo que es pasar.

Y lo que es poder.

Aniquilación y Lost in the Drama

Iba a hacer un artículo realmente largo y pormenorizado sobre Aniquilación, que se quedará en mi cafetera-tostadora con !#++ hasta el fin de su disco duro y el advenimiento de la nueva era SSD. Será para bien.

1. Aniquilación

Después de leer los tres libros estoy severamente convencido de que la primera novela es demasiado tramposa, la segunda demasiado de paso y la tercera arrepentida pero poquito, ya que mientras dice aclarar algunas cosas emborrona todo lo demás, usando las tres la falta de datos interesantes como motor de explosión para que todo siga, aunque renqueando, en marcha hacia delante. Para tener que sacar mis propias conclusiones desde casi el vacío, en una especie de sandbox literario, mejor me monto yo mi propia novela. No sé si es mucho más divertido pero, al final, sacia más. En el primer libro suceden cosas que tiran de ti por el instinto natural de enlazar los puntos. Durante la lectura la sensación no es mala, pero cuando se termina te sientes engañado, y tienes razón y lo sabes pero, bueno, quedan dos más. En el segundo se dan muchísimas explicaciones sobre cosas que no importan en absoluto, y la novela existe, básicamente, porque si no no habría una tercera. No sabe qué hacer consigo misma y pone una lupa enorme sobre un manojo de personajes y situaciones que bueno, pues vale, pues me alegro. En el tercero se habla mucho de muchas cosas y no se dice nada sobre ninguna que importe. No sabrás qué conecta lo que ha sucedido, pero tendras un exceso de información sobre las motivaciones de las motivaciones de las motivaciones de las motivaciones.

No es que se tengan que desmenuzar los acontecimientos de la historia hasta que pasen por el ojo de una aguja, pero al terminar la lectura uno debería tener aunque sea una leve sospecha de que el autor, al menos él, sabe qué es lo que ha sucedido y por qué. Cientos de flecos que no se quedan abiertos por descuido, sino porque es la propia esencia de la forma que se ha elegido para narrar. Es posible que el autor quisiera hablar del desconocimiento desde el desconocimiento mismo, mostrar la imposibilidad de amarrar el hilo del sentido en el día a día. Si es así, lo ha hecho perfecto.

La película ha gustado a quien le ha gustado porque acostumbrados al calco de los guiones al uso todo lo que no lo sea nos parece un océano de profundidad y significados. Pero el guión no es tanto y el último tercio de la película no es más que el artificio del mago de oz reloaded. En Jot Down pretenden sacar una perla de un erial, y el resultado es un poquillo de vergüenza ajena mezclado con cierta incredulidad. No sé qué puedo añadir a ese respecto. Todavía no me he parado de reír del último párrafo, y eso que hace semanas que terminé de leerlo. El largo e inacabable estómago que la humanidad reserva a cosas como Lost. Dale un puzzle a un humano y morirá antes de darse cuenta de que las piezas no encajan. Ni siquiera son del mismo puzzle. Muchas de ellas no son ni siquiera piezas: hay un par de colillas, algunas chapas y piedras. Muchas piedras.

2. Lost in Space

Bff. Dura pornografía emocional, cero nutrientes. No he visto ni leído nada, juraría, en toda mi vida, con tal calibre de DRAMA sin venir a cuento. Ya lo he dicho, pornografía. Se nota la pasta en los decorados. En todo demás no. Sesudo comentario, lo sé. Pero es que no da para más.